
Sebastián Godínez Rivera
El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, es el cerebro detrás de la política arancelaria que impulsa el presidente Donald Trump para que las empresas regresen a Estados Unidos. Es uno de los perfiles más cercanos al mandatario y una pieza clave no sólo en la guerra económica sino también para el combate al crimen organizado.
Politólogo por la Universidad de Yale decidió dedicarse a las inversiones y la administración de fondos de alto riesgo. Cabe destacar que su perfil es uno de los más completos con los que cuenta el gabinete porque entiende cada uno de los movimientos del gobierno, mientras analiza la situación económica. Es la multidisciplinariedad una de sus ventajas, pero también algo que le ha permitido colaborar junto a otros departamentos.
Bessent puede ser catalogado como un economista adscrito a la corriente del conservadurismo económico y populista, es decir, pretende equilibrar los mercados globales y la fortaleza del dólar mediante aranceles proteccionistas, desregulación energética y disciplina fiscal interna. Incluso su proyecto económico es conocido como el Plan 3 de 3, crecimiento al 3% anual, reducir el déficit fiscal al 3% del PIB e incrementar la producción petrolera en 3 millones de barriles diarios.
Para llegar a su cometido ha impulsado la imposición de aranceles a varias naciones, a tan solo tres meses de que Trump volvió a la Casa Blanca, en marzo de 2025, el mandatario impuso aranceles a todo el mundo. La propuesta de Bessent condiciona el acceso al mercado estadounidense a un intercambio comercial justo, frenando políticas industriales y fiscales discriminatorias de otros países.
Anclado al ala dura del movimiento Make América Great Again (MAGA) el secretario rompe con la ortodoxia económica y promueve el pragmatismo entre el proteccionismo y el capitalismo desregulatorio. Ahora bien, esto es esencial porque los aranceles han posicionado a los Estados Unidos en una mejor posición para negociar frente a otros socios comerciales y con ello obtener mayores beneficios.
Por ejemplo, la triada como se conoce al bloque comercial de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, de acuerdo con Samir Amin, es la principal potencia económica en el mundo tomando en cuenta el volumen del intercambio comercial, las transacciones de divisas y las principales bolsas del mundo. Ahora bien, Washington ha tensado y amenazado a sus aliados para obtener mayores beneficios y es a partir de las negociaciones lo que le ha permitido establecer nuevas concesiones.
El tema más reciente tiene que ver con la explotación de los pozos del Mar del Norte, tema que tensó la relación entre Trump y el ex primer ministro británico, Keir Starmer. Bessent como un conocedor de la política exterior y de la economía sabe que esos yacimientos abastecerían a Washington en la competencia que mantiene frente a China.
Por otro lado, desde que Estados Unidos tutela al gobierno venezolano, la producción se ha incrementado y no es casualidad que la transición propuesta por Marco Rubio se enmarque en la visión economicista, es decir, que la liberalización económica llevará a la democratización. Por eso Washington lo primero que hizo en Venezuela fue forzar a cambios en la ley de hidrocarburos y luego llevar a las grandes petroleras a explotar pozos.
Respecto a la guerra con Irán Bessent ha tenido un papel más discreto, pero igual e importante. En varias ocasiones se mencionó que el control del Estrecho de Ormuz es una llave que permite tener el control de Oriente Medio, pero también bloquea un paso esencial para China, quien desde hace décadas pretende expandir sus rutas comerciales con la Nueva Ruta de la Seda. Washington necesitaba el control de dicho estrecho y para eso tenía que derribar a la teocracia iráni, la cual está debilitada, pero no derrotada.
Incluso una de las hipótesis por las cuales no se ha podido firmar la paz entre Estados Unidos e Irán tendŕia que ver con las concesiones para dicho estrecho. La geopolítica del crudo es tan vieja como las siete compañías que forjaron las reglas del comercio petrolero, que hoy siguen vigentes, y que en su momento fueron retratadas en el libro Las Siete Hermanas de Anthony Sampson.
Finalmente, Bessente en los últimos meses ha cobrado mayor relevancia en la política de combate al crimen organizado. En el tema de la congelación de cuentas o identificación de flujos de efectivo ligados a empresas, grupos criminales y políticos coludidos se han convertido en agendas prioritarias. Trump aspira a combatir el crimen de una forma más frontal, pero se rodeó de los perfiles que le permiten abrir frentes contra varias naciones y con ello obtener beneficios económicos, colaboración en seguridad y orden en el hemisferio.
La triada formada por los secretarios de Guerra, Pete Hegseth, de estado, Marco Rubio y del Tesoro, Bessent han fortalecido la presencia estadounidense en el mundo y con agendas que se considerarían incompatibles. El caso de México y los señalamientos sobre el control que mantiene el crimen organizado sobre el territorio son la muestra de una estrategia delineada que presiona a través de diversas aristas.
México es presionado a través de la reorganización del hemisferio y los gobiernos de derecha coordinados por Marco Rubio. Asimismo, las amenazas de Hegseth sobre una guerra total contra los cárteles han tensado la relación entre la Casa Blanca y Palacio Nacional. Por último, la presión comercial cortesía de Bessent en temas como los aranceles y la revisión anual del Tratado de Libre Comercio. Sin duda, México está rodeado.
En conclusión, el Secretario del Tesoro ha sido una de las piezas claves no solo en el terreno comercial sino también en la política. Al unir las diversas piezas del rompecabezas lo que Estados Unidos pretende es retomar el control unipolar del mundo, que se dio durante los años noventa. Aunque hay síntomas de errores en la estrategia comercial y resultados paupérrimos en la economía, lo cierto es que Scott Bessent es el arquitecto de la guerra económica en el mundo.

