Por Gustavo García

No hay ninguna duda de que hoy la Cuarta Transformación tiene una enorme deuda que no se paga con discursos, hoy como nunca se debe demostrar que el dinero público sirve más a la gente que a los intereses del poder.

Los mexicanos tienen derecho a preguntar cuánto se gasta, en qué se gasta y cuáles son los beneficios de cada una de las adquisiciones gubernamentales.

Porque hoy todos somos testigos de lo que se gastan en proyectos costosos, propaganda y estructuras políticas, por lo que también se deberían ver que el dinero se usa para atender hospitales, garantizar medicamentos, mejorar la seguridad y resolver las carencias de los grupos más vulnerables y de las comunidades rurales.

La realidad no se mide con discursos y bravatas desde un templete cada mañana, se mide en las familias que no encuentra atención médica, en la mujer que denuncia violencia y exige protección, en las personas con discapacidad, tan olvidadas por los gobiernos, que enfrenta todas las limitantes y por supuesto, en el adulto mayor que no sólo necesita su beca bienestar, también pide servicios dignos que le ofrezcan una vejez más tranquila, porque para todos ellos, las promesas de transformación no bastan en discursos o programas de radio y televisión.

Y es que el mayor problema del gobierno, no es lo que promete, sino la distancia entre lo que predica y lo que todos los días está dispuesto a demostrar.

Hoy los que llegaron al poder denunciando y señalando de manera aguerrida, los privilegios de sus antecesores, no pueden pedir un cheque en blanco, ni pretender que el poder absoluto de su partido, los excuse de rendir cuentas.

Para los mexicanos es urgente que cualquier gasto cuestionado se aclare y se respalde con documentos, contratos y resultados verificables.

No basta con repartir apoyos a diestra y siniestra mientras se descuidan obligaciones esenciales del Estado, que en su origen debería velar por los ciudadanos, porque la política social no debe convertirse en una campaña electoral permanente y menos aún, en una cortina de humo para ocultar deficiencias y tratos en los oscurito.

Se debe entender, aunque cueste trabajo que el presupuesto no es de Morena, ni de los gobiernos y por supuesto de ningún grupo político, ese presupuesto es para ofrecer una vida digna a los ciudadanos.

La pregunta para los gobiernos de la Cuarta Transformación debería ser:

¿qué resultados se pueden demostrar en la vida de los más vulnerables y qué cuentas están dispuestos a rendir sobre sus decisiones?

Porque se debe señalar que el humanismo sin conciencia es demagogia, y la austeridad sin congruencia es simulación, hoy este país no necesita funcionarios que presuman ser distintos, que todos los días discutan y persigan a quienes los cuestionan, hoy estos gobiernos de la 4T, deben demostrar con pruebas, que realmente quiere “salvar a México” y regresar al pueblo, la dignidad que, según su discurso, en algún momento pasado, se le arrebato a los mexicanos.