
Sebastián Godínez Rivera
Desde la Doctrina Monroe de 1821 hasta el corolario Trump de 2025 se ha profundizado en el estadio del Gran Caribe como zona de influencia de los Estados Unidos. Sin embargo, poco se analiza el Pequeño Caribe, nombre utilizado para referirse a las Antillas Pequeñas, donde la influencia de Washington ha cobrado mayor relevancia.
Desde el siglo XIX los estadounidenses tuvieron que cohabitar con las potencias marítimas como Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y España, ésta última fue derrotada y permitió la entrada de Estados Unidos a esta zona. En 1898 tras la guerra hispano-estadounidense, Washington se hizo con el control de Puerto Rico y Cuba y en 1917 compró a Dinamarca lo que hoy son las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
En 1903 los Estados Unidos crearon la base naval Bahía de Guantánamo, al sur de Cuba, lo que la hace un punto estratégico para su injerencia en el Caribe. La Enmienda Platt permitió el establecimiento de la base, pero tras la Revolución Cubana el gobierno de Fidel Castro la consideró ilegítima. A pesar de contar con territorios o bases militares, esto no ha impedido que en el segundo gobierno de Trump varias naciones hayan accedido a colaborar con Washington.
Desde finales de 2025 la fuerza naval estadounidense llevó a cabo operaciones en el Caribe para ejercer presión sobre Venezuela y el gobierno chavista. Naciones como Trinidad y Tobago, Granada y Aruba en su momento publicaron comunicados para presionar al gobierno venezolano respecto a sus presuntos nexos con la organización criminal Cártel de los Soles. El 3 de enero Maduro fue capturado y llevado a Estados Unidos.
Un mes después el Secretario de Estado, Marco Rubio, acudió a la reunión de la Comunidad de Estados del Caribe en la que solicitó mayor colaboración a todas las naciones. Apeló a la seguridad y al trabajo conjunto para que el Caribe Menor y Estados Unidos sean prósperos. En marzo del mismo año se celebró la Cumbre Escudo de las Américas, una organización que pretende estrechar lazos con los gobiernos de la región para combatir al crimen y garantizar la seguridad.
En la reunión inaugural estuvo la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, quien coadyuvó de forma activa en la presión sobre Venezuela. Meses después se sumaron a la iniciativa Escudo de las Américas las Bahamas y Jamaica, dos naciones insulares que serán incluídas en el Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Ociddental, que sustituye a la Operación Lanza Sur para el combate a las drogas y el crimen organizado en la región.
Es llamativa la aparición del grupo porque involucra a otras naciones que en su momento no fueron parte del Escudo de las Américas como Guatemala y Belice. Por otro lado, estas nuevas alianzas forjan una mayor presencia de Washington en el Caribe se da en momentos donde la presión sobre Cuba se mantiene y la tiranía en Nicaragua de Daniel Ortega y Rosario Murillo anunció la supresión de las elecciones. Con estas iniciativas la Casa Blanca buscará reafirmar su presencia en la región.
Ahora bien, aunque en el Caribe Menor existen naciones que forman parte de la Mancomunidad de Naciones como: Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves países que tienen como jefe de Estado a Carlos III de Inglaterra. Dichas islas se han mantenido al margen desde finales de 2025, cuando Londres suspendió la colaboración con Washington por la ilegalidad de los ataques contra embarcaciones.
Ahora bien, existen naciones de la Mancomunidad que se han sumado a las iniciativas norteamericanas como Trinidad y Tobago, Jamaica y las Bahamas. En ese sentido, algunas naciones han optado por participar de forma más activa, lo que a su vez fortalece la presencia de los estadounidenses en la región, aunado a los gobiernos de derecha que se encuentran en el continente.
Lo mismo ocurrió con las Antillas Neerlandesas, Aruba y Curazao, quienes suspendieron el intercambio de información, pero que durante los ejercicios navales respaldaron la presión estadounidense sobre Venezuela. Finalmente, también están las Antillas Francesas las cuales se consideran como extensiones del territorio francés y se les conoce como Departamentos de Ultramar conformadas por: Martinica, Guadalupe, San Martín y San Bartolomé, las cuales sí colaboran de forma activa con Estados Unidos para el combate al crimen organizado y la identificación de narcóticos.
Es interesante señalar que aunque los desplantes entre el presidente Trump y el ejecutivo francés, Emmanuel Macron, han llegado a momentos álgidos, la cooperación se mantiene. Sobre todo, porque estos acuerdos fortalecen la presencia de Washington en una región que ha sido poco estudiada, pero que en un pleno proceso de reorganización hemisférica cobran relevancia no solo para reafirmar su dominio sino para excluir a otras potencias.
A pesar de que los estadounidenses tuvieron que aprender a cohabitar el Caribe con otras potencias, esto no significó que renunciaron a su poder de influir por la vía diplomática. El cambio que se ha gestado en el segundo mandato de Donald Trump alcanza a todo el continente y no solo a las naciones continentales en las que se pone mayor atención.
Aunque la opinión pública da mayor cobertura a los países que no se han alineado con la nueva política como: México, Brasil, Uruguay y Surinam la colaboración con las naciones insulares está presente. La reconfiguración del continente americano continúa y Caribe Menor no ha escapado a ella.

