Sebastián Godínez Rivera

La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) debido a los presuntos nexos por uso indebido de funciones públicas, conflicto de interés y enriquecimiento ilícito destaparon una caja de pandora. El escándalo estalló porque José Alfredo Hernández Casillas, dueño de Cajas Graf, no solamente recibió contratos de la entonces presidenta del INE sino por mantener una relación sentimental.

Cabe destacar que los señalamientos por corrupción no deben quedar impunes, al contrario, deben llegar hasta sus últimas consecuencias. Se debe investigar hasta qué punto la red de Taddei tocó la columna vertebral del instituto, a pesar de que algunos comentócratas señalan que la facultad para designar directivos en la Junta General Ejecutiva “no dañó al INE, sino que se trata de un problema estructural”,mentira.

Incluso en textos como los de Rafael Martínez Puón titulado Profesionalización vs Politización se explica cómo las burocracias ligadas a políticos ceden su autonomía en aras de la lealtad a una persona y no a la institución. Las redes dentro de las instituciones no son nuevas, pero la forma en la que Guadalupe Taddei colonizó al INE terminó por manchar a una buena parte del instituto, incluso medios como Milenio señalaron que el “maremoto Taddei” cimbró a 30 entidades.

Sin embargo, soy creyente que existe un límite entre los señalamientos por corrupción (los cuales no deben cesar y deben llegar hasta las últimas consecuencias) de una funcionaria pública ligada a su pareja sentimental. Nadie puede ocultar, ni ser omiso ante la destrucción institucional iniciada por Morena en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y continuada en el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, en redes sociales se han desencadenado una serie de chistes, burlas y señalamientos por la relación sentimental que sostenían y dejan de lado la cuestión medular: la corrupción. Memes, vídeos con inteligencia artificial, burlas sobre el físico de la ex consejera; básicamente México se está pitorreando por “el amor”, pero poco se ofende por la corrupción, lo cual debería ofendernos en realidad.

Al ser funcionarios públicos están sometidos a la opinión pública y deben ser más tolerantes a las críticas y burlas. Sin embargo, pareciera que el crimen es enamorarse y no tanto haber destrozado al INE desde dentro. Claro que es el tema central en la discusión pública, pero en varias ocasiones no se mencionan los casos donde la empresa tenía poder dentro de la institución, ni tampoco se abordan las conexiones entre funcionarios con las empresas.

Varios de ellos se resumen a “uno por amor hace cualquier cosa”, “migajera”, “se quedó sin cargo y sin pareja”. Ahora bien, tampoco respaldo los señalamientos de Sheinbaum sobre qué “es violencia de género”, pero si hay una desviación en la conversación. Casualmente, no es la primera vez donde el debate se fue por lo privado en lugar de por lo público. En 2004 ya hubo un caso similar.

Rosario Robles Berlanga, ex jefa de gobierno y expresidenta del PRD, fue víctima de las burlas debido a su relación sentimental con el empresario Carlos Ahumada. Años después

en su libro Con todo corazón (2005) ella reconoció el error de mezclar lo íntimo con lo partidista, pero en aquellos años fue la burla. En los medios de comunicación se le hicieron sketches con el título de su libro “votar con el corazón” o “financiar con el corazón”.

También los periódicos le hicieron cartones donde Robles aparecía con los ojos en forma de corazón, con un cupido y con un sinfín de caracteres que la ridiculizaban. Aunque pidió una disculpa pública los hechos no se olvidaron y se agudizaron cuando Carlos Ahumada publicó su texto Derecho de Réplica (2009) donde él detalló toda la relación con Robles y las burlas volvieron a surgir.

Incluso periodistas como Elisa Alanis y Katia D´Artigues en su momento cuestionaron que Rosario Robles fuera señalada por sus sentimientos y relación, mientras que los hombres ligados por recibir dinero como René Bejarano, Gustavo Ponce y el propio Ahumada nunca fueron cuestionados por lo mismo. Al igual que en el caso Taddei, las burlas han sido más agresivas por sus sentimientos que por la corrupción ligada a Hernández Casillas.

Incluso en los audios que diversos medios de comunicación, donde se escucha hablar al dueño de Cajas Graf, poca atención han merecido. Mientras que los vídeos o audios donde la ex consejera dice “Ay cómo eres Alfredo?!” y “me conformo con tan poco”, los cuales presuntamente pertenecen a conversaciones privadas que nada tienen que ver con las corruptelas dentro del INE.

Por otro lado, en el plano internacional también existen ejemplos donde la mujer termina siendo objeto de burlas, pero el hombre no (aunque estos no están ligados a presuntos actos de corrupción). En Francia dentro del Partido Socialista Francés (PS), la candidata Ségolène Royale mantuvo una relación por mucho tiempo con François Hollande, entonces presidente del PS. El escándalo estalló cuando Hollande se enamoró de una periodista, sostuvieron una relación a escondidas de Royale.

Cuando Royale asumió la candidatura socialista explotó el tema de las infidelidades. En plena campaña presidencial los medios nunca cuestionaron a Hollande por su relación, pero a la candidata se le tildó de “si no puede controlar a su marido, menos la nación”; algunos periodistas hacían cartones sobre ¿Quién cuidaría a los niños? Royale o la periodista? Y en otros casos, se decía que ella no podría llegar a la presidencia porque “la nación sería víctima de las decisiones hormonales y la histeria (como todas las mujeres)”

El último caso es del primer ministro australiano, Tony Abott y la jefa del gabinete Peta Credlin. El partido del jefe de gobierno, la oposición y los medios de comunicación se mofaban del control que ejercía la funcionaria sobre las reuniones. En los periódicos se referían a ella como “la dominatrix, la emperatriz, la verdadera primera dama”, pero las burlas estallaron cuando Credlin reveló que se sometía a un tratamiento de fertilidad (FIV), Abbott la apoyó permitiéndole guardar sus medicamentos en el refrigerador de su oficina.

Las redes sociales y la prensa se burlaron cruelmente de este detalle de intimidad cotidiana, utilizándolo de manera lasciva para sugerir que su relación iba mucho más allá de lo profesional. Ante las mofas Credlin encaró a todos diciendo: «Si yo fuera un hombre en el mismo puesto, me llamarían un operador político fuerte. Como soy mujer, me llaman perra,

controladora y dicen que tengo un romance». En 2015 ante los escándalos el parlamento retiró su apoyo al gobierno y se convocaron a comicios.

En conclusión, nadie puede negar que la corrupción y los escándalos deben ser investigados, sin importar si son de hombres o mujeres. Empero, hay un límite entre cuestionar la opacidad, el poder y los privilegios y burlarse de la vida íntima de un personaje público. No es una defensa de Taddei, ni una revictimización de Roble, Royale o Credlin sino que es una muestra de cómo la opinión pública en algunos casos mide con distintas varas.