Sebastián Godínez Rivera

En las últimas semanas el país galo ha sido escenario de grandes protestas encabezadas por estudiantes, profesorado, sindicatos, amas de casa y simpatizantes en general. Francia vive bajo una crisis estructural que solamente se ha profundizado y las personas en las calles son muestra del hartazgo. El alto costo de vida, la falta de empleo, la pérdida del poder adquisitivo y la inmigración.

El gobierno de Emmanuel Macron vive en una constante crisis desde que inició su segundo mandato en 2021, tras vencer por segunda ocasión a la candidata de Rassemblement National, Marine Le Pen. En su momento Macron devolvió la esperanza a los franceses y fungió como un tapón para el ascenso de la derecha nacionalista, sin embargo, los disturbios actuales hoy dan oxígeno a la oposición populista.

Macron prometió un cambio en la vida de las personas, reformas tributarias, apoyo a las mayorías y un país abierto a todas las nacionalidades del mundo. Cuando se sentó por primera vez en el Palacio del Elíseo, eso se esfumó. La crisis del alto costo de vida, el encarecimiento de los combustibles, la inseguridad y la continuidad con el proyecto de desregulación económica terminaron por estallar.

Las protestas de los Chalecos Amarillos en 2021 por los altos costos de combustible, la propuesta de elevar la edad de jubilación y la falta de trabajos fueron la primera prueba del segundo mandato. A eso se suma el estallamiento de la guerra ruso-ucraniana en 2022, la tensión con Estados Unidos, el ascenso de las derechas nacionalistas en el Parlamento Europeo y la dependencia del petróleo y gas ruso, terminaron por ahorcar a todos los franceses.

Mientras en el terreno social e internacional la nación gala peleaba por subsistir se abrió otro frente. En la política interior hubo una constante crisis por la falta de mayorías en la Asamblea Nacional. Francia es una república semi presidencialista, es decir, combina elementos del presidencialismo como el parlamentarismo y por eso existe un presidente que es el jefe de estado y un primer ministro que funge como jefe de gobierno.

Macron desde su primer mandato en 2017 hasta noviembre de 2026 ha tenido siete primeros ministros: Édouard Philippe (2017–2020); Jean Castex (2020–2022); Élisabeth Borne (2022–2024); Gabriel Attal (2024); Michel Barnier (2024); François Bayrou (2024–2025); y actualmente ejerce el cargo Sébastien Lecornu. En la historia de la V República Francesa, el actual mandatario es el que más primeros ministros ha tenido durante sus 8 años de gobierno. No se cuenta a Francois Mitterranda, quien también tuvo 7, pero en 14 años (se reformó la constitución para acortar los periodos presidenciales).

A eso se suma que el ejecutivo llamó a comicios anticipados en 2024 debido a que el congreso destituyó a los primeros ministros. Macron intentó fortalecer su poder, pero la ciudadanía optó por dividir en tercios al parlamento: primera minoría la extrema izquierda de Jean-Luc Melenchon de La France Insoumise, seguido de Marine Le Pen y Rassemblement National y por último el grupo macronista de Revolución.

Las elecciones fortalecieron a las oposiciones, pero también están debilitando al propio gobierno. Las protestas han fortalecido a Le Pen quien acusa a la extrema izquierda de romper con la gobernabilidad, provocar a las fuerzas del orden y mermar la capacidad del estado francés. Por otro lado, Melenchon ha salido a marchar con los estudiantes e insiste que las movilizaciones son muestra del hartazgo y que la ciudadanía tiene mucho que aprender de los jóvenes. Incluso se ha dicho que son las protestas más grandes desde el Mayo francés de 1968.

El terreno se está calentando rumbo a las elecciones presidenciales de abril del próximo año, sería ingenuo pensar que no tienen un impacto. Empero, la crisis estructural que vive el país es más grande que cualquier gobierno o partido. La ciudadanía cansada de la presión estaría optando por los extremos, como ocurre en otra parte del mundo, los populismos de derecha e izquierda están fortaleciéndose ante el fracaso del centro político.

Macron ha optado por endurecer las medidas y la respuesta contra los manifestantes, al no poderse postular para un tercer mandato tiene poco que perder. Por otro lado, el continente observa a su vecino que es uno de los pocos vestigios del liberalismo político existente y sus decisiones podrían impactar sobre las otras cuatro economías que también tienen gobiernos liberales.

Tomando en cuenta que en España hay elecciones el 29 de noviembre de 2026. Durante el primer trimestre de 2027 Alemania elegirá un nuevo presidente, lo designa una comisión especial y en abril Francia va a las urnas.Todos los movimientos políticos que ocurran desde ahora podrían repercutir en otras latitudes. Y eso que no se abordó en este texto la presión de Rusia sobre el continente para que no se apoye más al gobierno de Volodymir Zelensky en Ucrania.