por Ruby Soriano

Desde la “nomenclatura” morenista y en la voz de quien se asume como uno de los duros de las izquierdas, se reconoció lo que hoy ocurre en un partido gobernante que dista mucho de ser, lo que en sus orígenes planteó.

En el programa Diálogos rumbo al Consejo Nacional de Morena, Paco Ignacio Taibo II habló sin tapujos de un partido que dijo está secuestrado por todos aquellos que llegaron como mercaderes de ocasión para subirse en el llamado tren de las orgías del poder y “agandallarse” candidaturas, puestos, contratos, negocios y todo lo que pudieran conseguir abanderando la frase de una Cuarta Transformación que están muy lejos de entender.

Y es que como bien lo reconoce Taibo, el arribo de estas hordas de esquiroles no sólo del PRI sino de una diversidad en la jauría política, son las que se asumen como legítimas morenistas de una izquierda que les calza demasiado grande.

El fenómeno no es menor cuando Morena no ha logrado consolidarse como un partido político surgido a partir de un movimiento cuyos méritos son indiscutibles, por haber partido desde las bases del pueblo, desde la gran diversidad de voces ciudadanas y con el acompañamiento de muchos jóvenes.

Taibo sólo dijo verdades en su participación en el programa Diálogos, donde desnudó un secuestro que desde hace tiempo enfrenta el partido que hoy gobierna México.

Morena pulverizó su capital político en esas hordas de oportunismo que se replican de acuerdo a la región y condiciones de cada zona del país.

En Puebla ahí tenemos a los inefables oportunistas y camaleónicos priistas como Alejandro Armenta y su primo Ignacio Mier.

Así como a una andanada de personajes convulsos que dejaron el PRD, MC, PT y hasta PAN para transformarse de la noche a la mañana en relucientes izquierdistas de ornato.

Y qué decir de los que surgieron de las bases pero gustaron tanto del poder que mutaron en simples caricaturas de los liderazgos plagados de corrupción.

Ahí como ejemplo podemos citar a la dupla Evangelista-Garmendia que con uñas y dientes, empujaron candidaturas a modo para negociar quedarse con una gran parte del pastel, que a final de cuentas perdieron.

Con estos excesos, Morena navega en un panorama interno nacional de mucha confrontación y desplazamiento de sus bases originales, quienes han quedado relegadas a los grupos de poder patriarcal de una Claudia Sheinbaum, Ricardo Monreal y hasta de un Marcelo Ebrard que por ratos finge su morenismo, mientras se acurruca en el Partido Verde.

Taibo dijo que toda la tarea se la han dejado al Presidente, sin embargo, Andrés Manuel López Obrador poco ha hecho para favorecer el orden, el respeto y el reconocimiento a esas bases que lo hicieron llegar a la Presidencia de la República.

Es verdad que muchos siguen creyendo en el Morenismo duro, de a pie.

Sin embargo hay otras imágenes que lo dicen todo:

Allá por los rumbos de Tehuacán, Araceli una mujer dedicada toda su vida al magisterio, conserva como reliquias sus comprobantes de depósito que de manera quincenal le hacía al entonces movimiento de un Andrés Manuel que hacía plantones y peleaba a todo vapor por un país democrático.

Araceli dice que sigue siendo morenista de corazón porque no milita, pero sigue a Andrés, -como ella lo llama-. Ella no obtuvo ni pidió puestos, candidaturas, contratos, negocios.

Hoy mira a Morena en el país, en Puebla y Tehuacán y dice que eso no es lo que ella vivió en los orígenes de un movimiento que la llevó a destinar parte de su salario para que el hoy Presidente de México, pudiera mantener su plantón en el zócalo capitalino.

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