Por Ruby Soriano

La corrupción es la sombra que ha empañado en el primer trimestre del 2022 al gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Y es que en tiempos de carnaval, los hombres del Presidente han empezado a perder las caretas para develar una verdadera red de actos ilícitos que vuelven a golpear las propias aseveraciones del mandatario.

Los nombres de Julio Scherer Ibarra y del fiscal Alejandro Gertz Manero rompieron este fin de semana, la tramoya del gran teatro de un gobierno al que se le acaban los argumentos para defender a sus hombres de confianza.

Los audios filtrados en redes sociales que evidencian la intervención del fiscal ante la Corte para influir en el caso de su familia política, en particular del caso de Alejandra Cuevas, hija de su cuñada, confirma los excesos de Gertz quien haciendo uso de su cargo, pretende influir en las sentencias sobre un litigio en el que se involucra una venganza personal.

En tanto, a un ladito del despacho presidencial, se gestarían ominosos actos de corrupción en los que habría estado involucrado el ex asesor jurídico de la presidencia, Julio Scherer Ibarra.

Las recientes revelaciones y señalamientos hechos desde prisión por el abogado salinista Juan Collado y secundadas por más denuncias del empresario Alonso Ancira, develan la presunta red de tráfico de influencias con las que Scherer habría operado desde su posición privilegiada en Palacio Nacional.

El raspón alcanzó al ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, quien presuroso desmintió cualquier indicio de corrupción en los tiempos de su gestión.

Sin embargo, en el caso de Scherer las dudas siguen brotando, pues si bien el amigo del Presidente reconoció haberse reunido con los hijos de Collado, negó que un grupo de abogados ligados a él, hayan convenido transacciones económicas a cambio de facilitar liberaciones o cerrar expedientes.

Es un secreto a voces, el poder que durante los primeros dos años acumuló el consejero jurídico, quien incluso, aplastaba la autonomía de la Secretaría de Gobernación, para anular su interlocución y tener entre sus manos, el cabildeo político y económico a nombre del Presidente AMLO.

Muchas son las versiones que circundan al hoy desterrado Scherer, quien busca todo argumento para diluir las sospechas de muchas corruptelas a su paso por el gobierno de la 4T.

Desde hace un año, en el sureste del país, empresarios de Quintana Roo y Yucatán comentaban con sigilo el arribo a la Riviera Maya de un grupo de abogados que con derecho de picaporte se decían “enviados del asesor jurídico de la presidencia”.

Estos abogados cabildearon no con uno, sino con varios empresarios, la posibilidad de facilitar contratos en las obras del Tren Maya con los conocidos pagos de diezmos que se asignan a quien los facilita.

El nombre de Scherer empezó a sonar, no sólo por la conocida cercanía con el Presidente, sino por las acciones de corrupción que exponían los viejos modos pero al nuevo estilo de la cuarta transformación.

La defensa de Scherer sobre las acusaciones que le imputan ha sido débil y poco creíble.

El tema da para mucho más, sobre todo, por el rastro que siempre se deja a la hora de ejercer el poder detrás de las cortinas.

Es verdad que en el país hoy se libra una batalla de poder entre distintos escenarios donde lo que vemos no son sólo venganzas políticas, sino también mucho rencor que da pie a liberar esa información confidencial que desde varios frentes siguen desgastando la imagen presidencial.

La corrupción ya es un tema que marca la mitad del mandato del Presidente AMLO. Pues si bien, el propio mandatario ha intentado contenerlo señalando a sus opositores, es una realidad que entre sus “soldados” se ha empezado a romper la llamada fidelidad.

Sin duda el poder entorpece y a Julio Scherer lo hizo sentirse el Córdova Montoya de los tiempos de la transformación. En tanto a Gertz Manero lo elevó con la omnipotencia de tener en sus manos a Scherer, Santiago Nieto y muchos otros personajes que sin duda, deberán estar mirando festivamente el gran tropiezo del fiscal.

La gran pregunta es, renunciará Gertz Manero? ¿Podemos permitir que en México la aplicación de la justicia siga en manos de un individuo que ejerce su cargo en función de sus venganzas personales?

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