Sebastián Godínez Rivera

La visita del Secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Mark Rutte, se dio en medio de la tensión entre Estados Unidos y algunos de sus aliados luego de que el presidente Donald Trump acusó de inacción a sus socios respecto a la guerra en Irán. En un mensaje el republicano señaló “nuestros aliados no estuvieron ahí para apoyarnos y nosotros no estaremos cuando ellos lo necesiten”.

La OTAN atraviesa uno de los momentos más duros en su historia derivado de la postura beligerante de Trump, pero también de la pasividad de algunos líderes europeos. Por ejemplo, esta organización cuenta con 32 países miembros de los cuales la mayoría han guardado silencio ante la escalada bélica, mientras que algunos como Reino Unido, Alemania, Francia e Italia han mostrado posturas más confrontativas y otros como Hungría y Eslovaquia piden mesura.

El primer ministro británico Keir Starmer rechazó que sus bases fueran utilizadas por los estadounidenses lo que despertó la furia de Trump, por otro lado, la difícil relación con el presidente francés, Emmanuel Macron, ha generado intercambios entre la Casa Blanca y el Elíseo. Asimismo, el canciller alemán Friedrich Merz quien en un inició se mostraba cercano a Washington optó por tomar distancia y calificó como una escalada masiva el conflicto con los iraníes, aunado a que fue de las voces que rechazó de forma tajante utilizar a la OTAN para reabrir el estrecho de Ormuz.

Además, en el conflicto Rusia y Ucrania ha profundizado las divisiones, puesto que líderes nacionalistas como el húngaro Viktor Orbán y el eslovaco Robert Fico se han negado a sancionar a los rusos. Esta actitud ha sido vista por los miembros de Europa Occidental como un intentó por debilitar el europeísmo, mientras que ellos argumentan que la mesura es esencial, puesto que Europa recibe gas y petróleo a través de infraestructura rusa.

Sin embargo, el personaje central de este texto es Mark Rutte quien fue primer ministro de Países Bajos (2010-2024) y es un liberal ideológicamente. Sin embargo, como Secretario General ha sido uno de los impulsores del aumento al gasto de defensa bajo el argumento de que “Europa necesita una mentalidad de guerra”, con el regreso de Trump a la Casa Blanca esta propuesta se logró con todo y el malestar de países como España.

Para varios líderes de Europa Occiedental el estilo de Rutte es complaciente con Trump y existe una suerte de mimetización entre los discursos. A finales de 2024 cuando el republicano era presidente electo declaró que China estaba intimidando a Taiwán, seguido de esto Rutte salió a decir lo mismo, pero agregó que naciones como Irán, Rusia, China y Corea del Norte buscan dinamitar el orden mundial para cumplir con sus intereses.

Para 2025 cuando Estados Unidos fungía como mediador en el conflicto ruso-ucraniano, el presidente Volodymir Zelenski pidió ser incluído en la OTAN lo que despertó la molestía de Rusia que argumenta la expansión de esta organización hacia el este, cuando en 1992 se acordó que solo llegarían hasta la Alemania reunificada. Trump llegó a decir que para un acuerdo de paz con Putin Ucrania debía renunciar a los territorios del Donbás, firmar un tratado para la explotación de minerales raros con Washington y olvidarse de su membresía en la OTAN lo que despertó oposición en Zelensky,

Rutte no tardó en señalar que a Ucrania nunca se le prometió ingresar a la organización lo cual generó una nueva molestia de Zelensky. El estilo complaciente del Secretario General genera desconfianza en algunas naciones que lo han acusado de anteponer los intereses de Estados Unidos a los de Europa, sin embargo, él sostiene que no es sometimiento sino que prioriza la permanencia de un socio estratégico.

En su visita a Washington dijo lo que todo el mundo sabía, que Trump estaba molesto y se sentía traicionado porque la OTAN no lo respaldó en Medio Oriente, pero según su versión el presidente fue receptivo. Pasaron solo unas horas para que el republicano dijera de nuevo que “la OTAN nunca estuvo cuando la necesitamos (…) recuerden Groenlandia ese pedazo de hielo mal administrado”. A pesar de los intentos para subsanar las heridas, estas parecen seguir ahí.

Sobre todo, el tema de Groenlandia que parece olvidado, pero no es así. A inicios de 2026 Trump dijo que quería comprar Groenlandia, perteneciente a Dinamarca, porque es esencial para la seguridad. Algunos miembros de la OTAN movilizaron tropas previendo una escalada de los estadounidenses y aunque esto no pasó Rutte se reservó a declaraciones vacías apelando a la alianza y dijo que “los norteamericanos debían tener una mayor presencia en Groenlandia” debido a la presencia de barcos rusos y chinos en el Ártico.

Al parecer los intentos de Rutte para quedar bien con Estados Unidos y apaciguar a los europeos no están dando frutos, sino desgastando su imagen. La OTAN fragmentada entre nacionalistas, europeístas y un populista en la Casa Blanca se tambalea ya que la idea de abandonar dicha organización sigue presente, hasta el propio Marco Rubio quien es mucho más cauto en sus declaraciones ha cuestionado la falta de apoyo diciendo que “el tema de Ucrania es completamente europeo”:

A la luz de la literatura y los análisis de estudiosos de la geopolítica como Zbigniew Brzezinski que en su libro El gran tablero mundial, los europeos tienden a comportarse como vasallos de Washington en algunos momentos. Rutte bajo el argumento de mantener la alianza y darle la razón a Trump, hoy actúa como un súbdito que recibe descalificaciones sin priorizar la voz de otros miembros.