Sebastián Godínez Rivera

El presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping sostuvieron una reunión en la que el comercio fue un elemento central. China se comprometió a comprar 17.000 millones anuales de productos agrícolas norteamericanos lo que no es un tema menor. Al revisar las balanzas comerciales el principal socio comercial del continente asiático es China quien es completamente dependiente del mercado estadounidense porque la abastece de diversos productos.

Otro de los acuerdos emanados de dicha cumbre fue que los chinos se comprometieron a reabrir el mercado para carne de res y aves. Por otro lado, el Ministerio de Comercio chino reconoció diversos acuerdos y señaló que ambas naciones trabajarán para eliminar barreras arancelarias impuestas a mariscos y productos lácteos, se permitirá la exportación de bonsais en maceta y esperan que Estados Unidos reconozca a la provincia de Shandong como libre de gripe aviar.

No es una sorpresa que los chinos apuesten por el comercio y acuerdos que le permitan a su economía fortalecerse, al contrario, este es un distintivo en el ADN chino. El gigante asiático desde el siglo XIV y XV fue una potencia marítima que controló las principales rutas comerciales del mundo, muestra de ello la Ruta de la Seda. En el siglo XX durante la modernización encabezada por Deng Xiaoping el país mantuvo el socialismo como bandera, pero en materia comercial es un país capitalista.

El regreso de Trump a la Casa Blanca y la imposición de aranceles a varias naciones representaron un reto para los chinos, por otro lado, el cierre de puntos estratégicos para China como: el Canal de Panamá, el Ártico (cuando Trump pidió mayor presencia de la OTAN), la guerra de Irán por el Estrecho de Ormuz y los buques que se encuentran en el Mar Meridional de China son muestra de que los estadounidenses comenzaron a presionar a Xi cerrando el paso por diversas rutas.

Por otro lado, los estadounidenses posiblemente no aspiraban a la obtención de acuerdos políticos con China, Trump rechazó un plan para terminar con el conflicto en Irán. Washington apostó por el comercio como mecanismo para hacer frente a las consecuencias arancelarias que se impusieron. Estados Unidos apuesta que el intercambio con China en los rubros de aves, carne y agrícolas reduzcan la presión sobre los productores estadounidenses.

Estados Unidos y China han mantenido una difícil relación desde el siglo XX y ésta dio un paso con la visita del presidente Nixon a Mao Tse Tung en 1972. El objetivo de la Casa Blanca era acercarse a Beijing y aislar a la entonces Unión Soviética quien era la cuna del socialismo mundial. Tras el fin de la Guerra Fría (1946-1991) los chinos siguieron con las reformas económicas que les permitieran adaptarse al mundo capitalista y rompiendo con el paradigma de la transición, es decir, que el fin del socialismo real estaba acompañado con la instauración de la democracia liberal.

China es un país con un régimen de partido único, no hay democracia y los derechos humanos no están garantizados, pero su economía es pujante. En un mundo convulso los chinos apuestan por el comercio, incluso si se analiza parte de la doctrina de estado esta tiene el objetivo de impulsar el comercio con el mayor número de países que pueda. La visión mercantilista los ha posicionado como una de las principales economías del mundo, desafiando así a la Unión Europea o Japón.

Los estadounidenses no pueden ignorar el peso comercial del gigante asiático y al ser uno de los mayores compradores de productos, éstos aprovecharon la situación. El impulso al comercio no sólo dará aire a las economías sino que agrega una página al libro de la relación sino-estadounidense que inició en 1972. Aunque discursivamente y con algunas acciones Washington ha presionado a Beijing esto no denota un panorama de confrontación bélico como se plantea muchas veces sino que son mecanismos de negociación que Trump ha impuesto y le han negociado.

El interés nacional de los chinos está ligado al comercio el cual está anclado al volumen de países con los cuales tiene intercambio y también al plan de la Nueva Ruta de la Seda que es importante para Beijing. En medio del desorden internacional los chinos han sido cautelosos en sus posturas como la detención de Nicolás Maduro, la presión sobre Cuba, la guerra en Irán o la guerra de Ucrania y se debe a que éstos apuestan por una coexistencia pacífica, pero con una competencia económica voraz.

Aunque algunos conciben que existe un bloque entre Rusia y China debido a que tienen un interés común que es frenar la expansión de Estados Unidos no hay otros elementos que confirmen la afirmación. Al contrario, el actuar de Vladimir Putin y Xi Jinìng es distinto, el primero es más beligerante mientras que el segundo actúa de forma cauta porque sabe que su interés está en el fortalecimiento del comercio.