Sebastián Godínez Rivera

Como se expuso en la primera entrega de este texto algunas naciones de Europa del Este debido al derrumbe del socialismo real en 1991. Sin embargo, en la teoría de las transiciones este proceso se concibe como un “intervalo de tiempo indefinido entre el autoritarismo y otra cosa” en palabras de Guillermo O´Donnell. Es pertinente señalar que varias de estas naciones impulsaron reformas políticas que democratizaron el espacio público, pero a su vez coexistieron con herencias del autoritarismo soviético.

Por ejemplo, las naciones balcánicas (Serbia, Montenegro, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo) construyeron instituciones para garantizar el pluralismo, pero la cultura política de quienes asumieron el poder no necesariamente mutó en democrática. El actual presidente, Aleksandar Vučić, es uno de los máximos exponentes del nacionalismo y el iliberalismo.

Desde 2017 su gobierno ha estado señalado de corrupción y la caída de un tren en 2024 ha generado protestas que exigen su dimisión. Las universidades serbias también han presionado para su caída y exigen autonomía de investigación. Cabe destacar que el partido del ejecutivo, Partido Progresista Serbio, tiene la mayoría en el parlamento lo cual le ha permitido blindarse a pesar de las exigencias ciudadanas.

República Checa y Eslovaquia son casos similares ya que están gobernados por los primeros ministros nacionalistas y que son considerados prorrusos, el checo Andrej Babis y el eslovaco Robert Fico. Ambos pertenecen al grupo de las derechas nacionalistas, en palabras de Cas Mudde, quien las cataloga como promotoras de su cultura, utilizan discursos populistas y  son soberanistas. Babis quien regresó al poder en 2025 está limitado porque su partido Acción de Ciudadanos no obtuvo la mayoría, pero formó una coalición con otras formaciones euro escépticas como el Partido Pirata y los motoristas.

Cabe destacar que este es uno de los casos donde el líder populista está limitado en su poder, puesto que al no contar con un respaldo sólido para hacer cambios de fondo tiene que mediar intereses entre partidos. Babis principalmente se enfoca en las denuncias como el Banco Central o la élite política checa, pero no tensa la relación con la Unión Europea lo que demuestra que a pesar de ser un nacionalista es más cauto que el exprimer ministro húngaro, Viktor Orbán, quien apenas dejó el poder.

Robert Fico es considerado un populista de corte izquierdista debido a la centralización del poder, control institucional, retórica prorrusa y un enfoque en mano dura, a menudo comparado con el modelo iliberal de Hungría. Otra de las preocupaciones acerca de Fico tiene que ver con su cercanía con Vladimir Putin y que es considerado por la Unión Europea como un caballo de Troya dentro de este organismo y la OTAN.

El primer ministro ha intentado presionar a los jueces para someter al Poder Judicial, hacerse con el control de los medios públicos, intimidar opositores y perseguir periodistas críticos. Eslovaquia se independizó de Checoslovaquia durante los años 90, sin embargo, el largo proceso de construcción democrática así como el malestar con los partidos profesionales, llevó a Fico al poder lo que lo convierte no solo en un caso de estudio relevante, sino en uno de los exponentes más representativos del iliberalismo.

En la vecina Rumanía que actualmente está gobernada por Nicușor Dan, un europeísta de corte liberal, quien logró vencer en la primera vuelta al ultranacionalista Calin Georgescu y tras la anulación de los comicios y la prohibición de la candidatura del nacionalsita logró imponerse a George Simion quien era el relevo de Georgescu. Las autoridades electorales y el poder judicial denunciaron la injerencia rusa para promover a un candidato afín a Moscú

Los rumanos son muestra de la resiliencia a la seducción autoritaria no solamente subsanada con la reforma del estado en 1990 tras la caída de la dictadura de Ceaușescu. Es pertinente señalar que esta nación es muestra de que los cambios en el sistema político han blindado hasta el momento la deriva autocrática, pero las raíces democráticas coexisten con grupos nacionalistas a pesar de la inhabilitación de Georgescu.

Por último están los casos de Hungría y Polonia que se han convertido en los laboratorios para el estudio del avance y retroceso de la democracia. Los polacos vivieron lo que se llamó revolución populista impulsada principalmente por el partido Ley y Justicia (PiS) liderado por Jarosław Kaczyński. Surgido del malestar con la democracia, la predominancia de la visión europeísta y promovente del nacionalismo en 2015 esta fuerza política se hizo con el poder.

Entre 2015 y 2023 Ley y Justicia ejerció el poder de forma predominante, pero fue durante las elecciones parlamentarias que los liberales formaron una coalición de gobierno para dejar fuera del gobierno al PiS. De esta forma se impulsó la cohabitación que no fue fácil, el primer ministro Donald Tusk apelaba a la integración y a revertir la concentración de poder, mientras que el entonces presidente Andrzej Duda hizo uso de su facultades constitucionales para bloquear o vetar reformas para desmontar el andamiaje autoritario.

En 2024 el país tuvo elecciones presidenciales con las cuales se esperaba derrotar al partido oficial y entonces impulsar la democratización. Sin embargo, los liberales no lo lograron y el nacionalista Karol Nawrocki ganó, por lo tanto, el modelo de la cohabitación continúa aunque la tensión entre el jefe de Estado y el de gobierno se ha reducido.

Finalmente está Hungría que desde 2010 y hasta 2026 estuvo gobernada por Viktor Orbán, ideólogo de la democracia iliberal, promotor del nacionalismo y reformador de las instituciones para acumular poder. Hungría se convirtió en una democracia iliberal que fue modelo para Donald Trump y otros líderes de derechas. Orbán aprovechó el malestar con la democracia, el estancamiento económico y la corrupción de los gobiernos socialdemócratas para movilizar el malestar.

A pesar de las redes clientelares construidas por el primer ministro, el control de las instituciones y el apoyo de Estados Unidos y Rusia Orbán fue derrotado por el líder opositor, Peter Magyar, quien era allegado al orbanismo. La salida del primer ministro fue celebrada por la Unión Europea y por sectores democráticos del mundo quienes lo interpretaron como una bocanada de aire para la democracia en el mundo.

Sin embargo, la llegada de Magyar no cambia el sistema político por sí solo, si bien hay indicios de que comenzará a cerrar los medios públicos que estaban ligados a Orbán y en una reunión con el presidente húngaro ha pedido la renuncia de los altos funcionarios, lo que puede generar un choque de fuerzas. La historia de la democratización húngara no está escrita, pero es necesario analizar de forma paulatina y científica los cambios y retrocesos que se presentan en Hungría y otras naciones.

En conclusión, la historia de estas naciones no está escrita porque la transición no está delimitada por un tiempo definido sino que constituye un intervalo de avances y retrocesos. Aunque en la opinión pública se ha promovido la retórica de que la democratización es sinónimo de la caída de un líder, pero ignora el reacomodo de fuerzas e intereses que rodeaban al presidente o primer ministro.